Hoy 21 de septiembre de 2023
Somnoliento, intento no apegarme a la ilusión, camino en tu dirección sin siquiera saber porqué.
Ahí estoy, quieto como una estatua mientras bajás a buscar algo en la entrada.
Mis ojos divagan por tus pasados días, todo da indicios de que tu relación no hizo otra cosa más que crecer desde la última vez que nos vimos (hace algunas semanas). Algún papel escrito por él, vasos de uno de nuestros lugares de comida pero no míos y un llavero que portás como tu nueva bandera.
Mientras tanto vos abajo, pensando en no sé qué y haciendo no sé qué.
Desayunamos, me acaricías el pie y empiezo a caer de nuevo; te envuelvo la nuca con mi mano y te beso, ya caí. Beso tus labios esta vez tratando de contener mi amor para no volver a escupirlo en vano, casi sin querer empiezo a hablar en nuestro idioma.
Vamos a la cama y te doy besos cortitos, de esos que bombardean (rozando lo absurdo). Gritás algo que inmediatamente me traslada a cuando todo estaba bien; con un: "oye siri [...]" me vuelvo a sentir en mi hogar.
El tiempo vuela y la alarma suena, me tengo que ir.
Nos besamos en el ascensor y me mirás con deseo pero no me da el tiempo, quizás la próxima o quizás nunca. Esta vez miro al destino de reojo, sin confianza.
Me voy casi corriendo, sin la felicidad desmesurada de la vez pasada, ahora más cauteloso.
Pestañeo en el colectivo rumbo al trabajo, me interrogás mientras que mantenés algunas páginas de patos ahí guardadas para compartirle fotos.
Si no me ilusiono, no duele tanto, lloro menos.
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