Detrás de ese enojo, de ese rencor, está mi lado que comprende. Entiendo cómo te sentís, por qué actuás como actuás. Entiendo tu silencio, tu distancia. Entiendo que sentías que no estabas a la altura de las circunstancias, que preferías alejarte para no dañarme, porque no me merecía casarme con alguien que tuviera emociones por otra persona.
A lo largo de estos meses igualmente avancé con eso en algún lugar de mi inconsciente, quizás por eso respeté en parte tu silencio, pese a haber mantenido conversaciones por lo laboral. En este tiempo conocí personas maravillosas, me nutrí de experiencias que surgieron de la espontaneidad y de confiarle a la vida la capacidad de ser feliz independientemente de las circunstancias. Pero estaría mintiendo si dijera que así me siento más feliz o más completo que teniéndote en mi vida. Me diste la sensación de hogar, de familia, de comprensión, de rutina, de poder desnudar mi alma y mis pensamientos sin miedo a sentirme juzgado. Me diste amor, risas, abrazos, canciones divertidas, canciones alegres y caminatas.
Nuestra rutina, nuestras comidas, nuestras series, nuestro idioma, nuestra manera de demostrarnos el cariño. Muchas tardes extraño el saber que tengo que salir a buscar dos cebollas medianas, un morrón, ajo y el pollo.
Sos el amor de mi vida, sin importar a cuantas personas pueda conocer en el medio o con cuantas personas vaya a estar. Hay veces que me tengo que pellizcar para entender que tuve el valor de arrodillarme para pedirte matrimonio, de que estuve a meses de casarme y de que nos compramos una casa con todo lo que trabajamos desde el principio juntos.
Puchi, pollito, colores, te pido que en estos días si todavía pensás en que las cosas se van a solucionar distanciándonos cada vez más, te lo reeplanteés. Quizás estás asi de enojada porque te deje de decir Dulce hace mucho tiempo, porque ese iba a ser el nombre de nuestra hija, si es así decímelo por favor.
Espero que tengas un lindo día porque sos la mamá de nuestra hijita de cuatro patas.

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